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VIVIR SINVIVIR

VIVIR SINVIVIR

Dicen que en Argentina, la mitad de la población es psicoanalista y la otra mitad psicoanalizada. En España aún no tenemos interiorizada esta profesión, que se relaciona más con la locura, pero como dice un compañero, problemas tenemos todos. No esperamos a ir al dentista cuando ya apenas hay remedio para nuestro dolor de muelas, sino que acudimos la mayoría de las veces cuando se inicia un leve dolor. Sin embargo, cuando hablamos de dolor emocional nos creemos héroes invencibles y soportamos la tristeza, la ansiedad o el miedo hasta que llegan a extremos insoportables. Una vez que llegamos ahí, algunos, solicitan ayuda psicológica.

Es normal tener días tristes, en los que no nos apetece salir de casa, coger el teléfono a un amigo en un momento determinado o llevar a cabo alguna actividad que nos suele sacar de la rutina. Eso, es relativamente normal. Sobra decir que la tristeza nos ayuda también a frenar, a tomar conciencia del punto en el que estamos y a reflexionar sobre lo que queremos y sobre lo que no queremos. El problema lo encontramos cuando ese estado de ánimo se convierte en nuestro fiel compañero de batallas y cuando día tras día, semana tras semana nos acompaña.Hay personas que viven continuamente en su pasado. ¿Habéis visto la película de Déjà vu de Denzel Washington? La trama involucra a una agente que viaja al pasado para evitar un ataque terrorista. La suerte de este agente es que lo consigue, pero en la vida real vivir continuamente en el pasado nos impide realmente vivir. Son personas que comparan situaciones anteriores con su presente y se lamentan del punto en el que se encuentran ahora. Estas personas, tienden a la depresión.

En otro sentido, ¿os suena la película Minority Report? Donde tres avezados agentes con habilidades precognitivas hacen premoniciones acerca del futuro para evitar tragedias. Y claro, lo que nos ha enseñado el cine es que viajar tanto al pasado como al futuro tiene serias ventajas y da resultados. Lamentablemente cuando nos enfrentamos a la realidad no es así. Hay personas que viven continuamente en el futuro, anticipando situaciones que les provocan miedo o ansiedad. A estas anticipaciones hay que sumarle lo que Karen Horney definía como la “tiranía de los deberías”: “debería tener un coche mejor”, “debería ganar más dinero”, “debería ser mi propio jefe”, “debería tener un hijo”, “debería…”,…  Los “debería” son legítimos, pero tenemos que preguntarnos si es realmente lo que nosotros queremos o lo que nos están imponiendo desde fuera. Las personas que viven continuamente en el futuro y en los debería tienden a la ansiedad.

¿Habéis escuchado alguna vez hablar sobre la Ley de Perls? Esta Ley dice que la ansiedad viene provocada por aspectos negativos a un futuro desconocido, pero las estadísticas nos demuestran que el 40% de las cosas que nos preocupan nunca llegan a ocurrir y que el 30% ha ocurrido ya. Se carga así de un plumazo el 70% de nuestras preocupaciones.

Mucha gente confunde el miedo con la ansiedad. El miedo es una respuesta emocional a un estímulo del presente que responde a un peligro percibido, bien sea real o imaginario. La ansiedad sin embargo, es un estado anímico dirigido al futuro. Por poner un ejemplo, si tienes miedo a volar, experimentarás ansiedad las semanas previas a coger tu vuelo porque haces anticipaciones acerca de lo que puede pasar; sin embargo, experimentarás miedo una vez que te subas al avión.

No estoy diciendo con esto que tengamos que negar nuestro pasado y nuestro futuro. En ningún caso. Nuestro pasado ha influido en quiénes somos hoy y lo hay que tener presente. Nuestro futuro es hacia donde nos dirigimos por eso no hay que ignorarlo tampoco. Lo que no podemos es permanecer en ninguno de los dos la mayor parte del tiempo y dejar pasar de largo el presente.

Por lo tanto, el problema no es tanto la situación en la que nos encontremos como cuánto está limitando nuestra vida y evitando que nos dirijamos hacia donde realmente queremos ir. Si la ansiedad, el miedo o la depresión está bloqueando tu vida, son algunas situaciones en las que  puedes buscar al profesional más adecuado a tu problema.

Y recuerda que ver el problema, es ya parte de la solución.

 Úrsula Villazón

 

SEN Global Salud